Messi salió campeón con la Selección y abandonamos una mufa de 28 años. Después ser bastardeado por la mayoría de los argentinos durante su carrera, el mejor jugador del mundo, escucha que el partido termina y todo el peso de su cuerpo lo abandona por un instante. Ganó. El pueblo festeja y pide disculpas por creer cosas que no eran ciertas.

Si esta es la primera entrega que recibis primero que nada te agradezco por sumarte, estoy deseosa que lo leído a continuación despierte algún interés en tus percepciones del mundo. Segundo, te cuento como ya lo he hecho anteriormente, que utillizo pronombres, artículos y palabras en femenino neutro o masculino. Te pido disculpas si eso te resulta de algún modo confuso pero me gusta la idea de hacer con las palabras una plastilina.


La tierra del indicativo


Esta entrega no es para hablar de Messi sino de esa conducta social en la que buscamos colectivizar nuestro rechazo hacia algo o alguien que no nos agrada. Conducta que además presenta características más que peculiares dentro del espacio digital por la posibilidad del anonimato de los usuarios.

Caminamos los albores del nuevo milenio con un dispositivo electrónico en la mano conectado a una red que llamamos Internet. Desconocemos en absoluto el fin de la comedia así que en el mientras tanto hacemos uso y usufructo de nuestra realidad. En tanto nuestra economía nos lo permita, claro está. El ser humano ahora está conectado al instante, todes podemos participar del debate público y crear esferas de realidad hasta al punto de creer que sólo lo que nosotros decimos es cierto.

¡Ah pero eso sí! Para entrar hay que pagar porque internet fue creada por la sociedad del capital y el que no tiene dinero no puede pasar. Progreso social mis polainas.

La invención que se coloca a la altura de la rueda, el abecedario y la imprenta en tanto transformación de praxis sociales se da de lleno contra la existencia humana.
 Internet no es el progreso sino una poderosa herramienta que dependerá en manos de quien está, las funciones que tendrá por características.

En un segundo millones de personas replicamos la misma noticia, reímos del mismo meme, opinamos de la misma información, denunciamos
hechos que consideramos corruptos de la condición humana y creamos esferas de opinión pública cuya ficción pareciera tan realista que por momentos creemos que esa realidad que vemos en nuestras pantallas digitales es la realidad.

Voces aquí y allá aparecen y se amalgaman produciendo ensayos culturales que el tiempo dirá si se mantienen. Uno de estos ensayos es el de la cancelación con la que se busca que una amplia cantidad de usuarios de Internet conozcan determinada situación (de consideración inmoral) protagonizada por una o más personas. En cuanto a su similitud conceptual con el escrache, quisiera aclarar que las distingo, en tanto este último es un fenómeno social que en nuestro territorio nace a partir de la militancia juvenil que buscaba visibilizar, en tiempos de democracia, los lugares donde vivían los represores de la dictadura militar que no habían sido enjuiciados por los delitos cometidos. Actualmente el escrache es frecuentemente utilizado a la hora de denunciar actos de violencia física y/o psicológica, o también contra los casos de gatillo fácil.

En la cancelación, en cambio, lo que se busca denunciar es, en la mayoría de los casos, la obra o dichos de una persona por su contrariedad a lo que se espera que diga. Basicamente si el otro no dice o actua como espero que lo haga, lo cancelo. Además este fenomeno se produce siempre desde el espacio digital.

La cancelación entiende, como paso previo para su construcción de validez, a la experiencia humana como algo que se consume, que no se dialoga. Vamos al encuentro con el otre esperando que sea lo queremos que sea sin consideraciones de lo que tenga para decir. La difusión de lo cancelado busca que el público (al que ve como un consumidor), ahora con conocimientos de los hechos, decline cualquier intención de interacción en tanto esa interacción deviene en un consumo que difunde la persona y/o su obra.

El objetivo de la cultura de la cancelación no es tanto indagar acerca de por qué alguién hace o dice tal cosa. Para la cancelación lo importante, el objetivo (casi siempre inmediato) es la difusión prescriptiva de no interactuar con tal persona y su obra (si la tuviere). Si queremos ser buenas personas debemos rechazar cualquier interación con lo maligno.

El método cancelativo de (no) interacción social, cercena el diálogo antes siquiera aparezca como posibilidad, lo imposibilita desde el llano. Entonces ¿quién gana en la cancelación? ¿Hay ganadores? Si de cuestiones morales hablamos ¿Qué beneficios aporta a la construcción de ciudadanes libres una idea de mundo que pretende eliminar y excluir todo aquello que considera erróneo? ¿Cuándo fue que la exclusión del ser ayudó al ser?

Como siempre más preguntas que respuestas para ensayar. por eso no cancelemos ni excluyamos tanto, probemos mejor con ensayar preguntas, ensayar futuros posibles sin olvidar el territorio que habitamos. ¡Nos vemos el próximo domingo!