¡Hola! ¿Cómo andan bellezas? Por acá intentando que el vendaval porteño no me levante por los aires. Casi que este viento me hace parecer que estoy en el sur.

Antes de empezar con las ceremoniales de la fecha quiero contarte por si no lo sabías que también está la página web de nombre homónimo y donde cuento un poquito quién voy siendo y la idea de este proyecto. También están las últimas publicaciones. Pasa, chusmeate un rato, fijate qué te parece y siempre recordá que me podes mandar un mail con todos tus pensares y mirares de esto o aquello.

¿Quién quiere ser libre?


El tema de hoy viene a raíz de un texto que estuve leyendo para una materia del profesorado que estoy cursando. En él se repasan algunas teorías, con distintos posicionamientos, que trabajaron el fenómeno de la comunicación y se recuerda a la emblemática Escuela de Frankfurt. Esta corriente de pensadores europeos exiliados de la guerra investigaban, entre muchas otras cosas, acerca de la transmisión directa de ciertos discursos de las idelogías dominantes vía medios de comunicación, sobre los espectadores o receptores del contenido.

La Escuela estaba constituida en su mayoría por personas de origen judío que miraban con desagrado la ascensión al gobierno nacional de Adolf Hitler por voto popular y por lo tanto creían realmente que fuera posible que las masas sean dominadas por los intereses más oscuros. Al estar los medios de comunicación en manos de intereses económicos particulares es posible observar la hipótesis de que estos dueños van a querer mantener el status quo y para eso consideran necesario que su cultura, es decir, su forma de darle sentido a la realidad sea posible de ser universalizada a las distintas realidades sociales sin consideración de contexto alguno.

Los de Frankfurt hablaban de un sujeto en crisis a raíz de esta dominación y la falta de libertad real para pensar ya que el pensamiento era lo que el poder dominante quisiera que fuera.

Podríamos darles la razón. Sin embargo, lo que me interesa es aquella advertencia que hicieron y que al día de hoy resulta interesante recuperar: observaban como debajo de una aparente racionalidad sustentada en el avance de las tecnologías y las ciencias actuaban métodos profundamente irracionales de organizar la sociedad que terminan por dominar al ser humano.

Podemos pensar (en esto de querer salvar siempre a la humanidad) que para que esta dominación no se lleve a cabo es necesario que el ser humano conozca la realidad para poder discernir entre la verdad y las ficciones de verdad. Pero ya sabemos que con eso no alcanza porque la crisis del ser trasciende a la razón y hoy, que podemos ver en cada mano un celular y la información circulando en segundos, también podemos ver como continúan métodos profundamente irracionales de organizar la sociedad.

Veamos algunos ejemplos… Amazón vende sueños en cajas hermeticamente cerradas y te garantiza que cualquier producto del mundo puede llegar a tu casa (con ciertas excepeciones geográficas, por supuesto), mientras sus trabajadores de delivery o les de la planta de empaquetamiento luchan por condiciones dignas de trabajo. Mc Donalds vende hamburguesas con bellas imágenes de gente siempre linda (en términos hegemónicos de belleza) y mientras emite por minuto 14 toneladas de gases de efecto invernadero a lo largo y ancho de este mundo. Facebook te permite estar en contacto con la gente que quieras pero a cambio te pide datos que después poco sabemos sobre su destino.

Con saber no alcanza para ser libres, entonces qué nos hace libres, o más escepticos aún, podemos preguntarnos si el ser realmente quiere ser libre.

Cómo se sabe libre el ser si no es acaso eliminando al opresor podemos pensar como si de un juego de dominó se tratara. Pero ¿si el opresor vive en el propio ser? El ser humano ¿sabe ser libre por naturaleza? ¿o aprende a ser libre? ¿Cómo se sabe aprendido? ¿Quién enseña qué es la libertad?

Puede que el ser no sepa ser libre y que haya que enseñarle pero esto no significa que aquel que ande con ganas de ser el Napoleón del siglo XXI quiera venir a decir que es el indicado para salvar a la sociedad de la crisis en la que se encuentra. Entonces les ciudadanes deben darle su libertad porque no saben qué hacer con ella y tampoco la saben reconocer. No, no hablo de eso. Si acaso el ser no sabe ser libre por su propia individuación puede entonces que exista la posibilidad de que en la colectivización de ese deseo llegue a algunos indicios.

Ya ven que no todo es agonía.

Si queremos ser libres es porque algo nos oprime. Sin embargo, tampoco son algunas condiciones de existencia las que derivan únicamente en un ser oprimido sino que este se puede constituir a partir de la yuxtaposición de diferentes condicionamientos sociales. La lucha no es por una libertad sino por todas las libertades. De lo contario ¿cuánto de libertad ha de existir si los liberades no somos todes?

Hay que embarrarse las patas.