¡Hola! ¿Cómo anduvo esa semana? Espero que muy bien. Yo siempre bien arriba. Como dijo Mercedes Morán: “Terraza Terraza”.

El domingo comenzó la primera publicación de este newsletter que viene a ser un ensayo danzante alrededor del ser humano y su devenir en crisis.

Se preguntarán, y me pregunto también, si acaso esta situación es un estadio de las cosas o por el contrario es el acto de mayor permanencia en el devenir humano. Se preguntarán si por lo menos tengo alguna respuesta al consorcio de preguntas que pongo sobre la mesa.

Ojalá algún día.

Sobre la realización y su rentabilidad


Hablando de terrazas y optimismo frenético quiero contarles sobre una cuenta que conocí hace un tiempo atrás: BENDITO INSTAGRAM. Según su bio, es una “ufología de instagramers” lo que vendría a ser una recopilación de videos e imagenes de distintas personas cuyo trabajo parece ser pararse frente a su celular y decirte cómo hacer para vivir mejor.

Efecto epicuro el de este espiritualismo new age que adapta tus inquietudes existenciales al servicio de los tiempos del capital. Chamanes de plástico, que ofrecen tips para que vivas mejor y encuentres eso que te haga feliz y sea rentable, porqué vamos, qué si no cómo pensas pagar todos esos cursos y talleres para nunca dejar de vivir feliz.

Es impresionante de ver la presura diligencia del ser humano por encontrarle sentido a la vida que vive. Por accionar en base a esa búsqueda. ¿Acaso no hago también un poco de lo mismo al escribir estas palabras?

El placer de decir “esto es lo mío” como si un carácter de imperturbable cubriera eso tuyo. La fantasía de frenar el tiempo se adapta a la imposibilidad de frenar el tiempo y fingimos vincularidades imperturbables e irrevocables con eso que consideramos unívoco de nuestra personalidad. Como si hubiera un resquemor al carácter inconcluso del ser en tanto sujeto que constantemente anhela.

Un anhelo que se repite gira en torno a la salvación. Como humanidad algo nos une casi sin excepciones y es que tenemos una tendencia a querer salvar: “el medio ambiente”, “la patria”, “a mi novio novia novie”, “a un pariente enfermo”, “la raza aria”, “al hije”, “al matrimonio”, “la esperanza”, “el amor”, “al pueblo”, “a las empresas”.

Salvarnos a nosotros mismos de nuestras propias pocilgas del alma.

Siempre hay algo por querer salvar y dedicamos por poco nuestra vida a hacerlo.

Así las cosas del ser, el terreno está abonado para que creas y con tus creencias intentes salvar lo que consideres. Sin embargo, si tus consideraciones de lo salvable adquieren un caracter colectivo de construcción, la cuestión se vuelve cuestionable en cuanto al contenido ético de esos intentos salvatorios.

De esta forma, volviendo a los chamamenes de plástico, queda invalidado el argumento que sostienen de que ellos desde su cuenta pueden decir lo que quieran porque “no molestan a nadie”/"cada uno puede hacer lo que le plazca”.

Ese sentido que reproducen inocentemente y con las mejores intenciones repercute en un amplio número de individuos y ya “tres son múltitud”. La situación se vuelve pública, lo público siempre fue ineludiblemente político y es en las arenas de lo político donde suceden las luchas por los sentidos que le damos a nuestras luchas, a lo que queremos salvar.

No suelo construirle a mis creencias torres de marfil por lo que suelen ser escasas las oportunidades en las que creo pertinente definir explicitamente alguna cuestión de la forma en que la entiendo. Permitieseme la excepción, al considerar que el mayor grado de responsabilidad ética del acto humano sucede cuando el ser se reconoce por fuera de sí mismo. Soy humano porque hay otre que me dice que soy humano. Sin ese otre no puedo ser la multiplicidad de seres que soy porque es en el otre donde comienza mi imaginación por ser otre que no sea ni yo ni el otre.

Los chamanes de plástico levantan el guante del delirio del ser y aparecen con discursos que buscan darle solución a la desdicha de no saber que mierda hacer con los días que te suceden como si vos fueras espectador de tu vida.

La cuestión acerca de estas gentes sería divertida o acaso entretenida sino fuera que la performance además de devenir lucrativa (lo que en sí mismo en este sistema no es algo malo) impone un carácter individualista que levanta el dedito y con cara de serio pero piola te dice “mirá que no va a venir nadie ayudarte eh! Tenes que poder vos solo! Mirá que que el de al lado no existe, está en la suya, y vos también eh! a la tuya que acá el tema es conectar en soledad”. Entonces cada quién se arma su burbuja y finge demencia. Entonces cada quién construye un sentido de felicidad donde alcanza con que la propia persona se sienta feliz para que el de al lado por puro efecto contagio navegue por las mismas aguas del optimismo higiénico.

Esta individualidad parece alcanzar su climax en la idea de realización personal donde los deseos de ser del ser son encaminados sobre las cauces de la rentabilidad. Bajo esta idea, lo que importa es tener las capacidades lógico mentales de capitalizar el deseo. De volverlo vehiculo de escape al contexto que me subyaga. Pero ¿qué pasa cuando el ser no siente esta realización? ¿qué pasa si se siente realizade haciendo algo imposible de lucrar? ¿qué pasa si no quiere lucrar?

Licenciades en tips provenientes de la más excéntrica posmodernidad, sonrientes y belles frente a la cámara, nos cuentan cómo hacer para vivir en FUCKING PLENITUD. A la vez que desde un autolegitimado saber apelan a cuestiones de índole energéticas vibracionales para decidir, unilateralmente, quién entra y quien sale del universo simbólico que creen dominar.

Contrariamente a lo que se pueda entender de modo alguno critico a las personas que deciden consumir estas narrativas. Lejos estoy de criticar los salvavidas de hielo de les demás, siendo una persona que escucha asiduamente Amanda Miguel a todo lo que el parlante pueda soportar . Vamos al encuentro de la pregunta con un hambre voraz por encontrar la respuesta que queremos escuchar. La voracidad nos vuelve necios.

Tampoco me parece mal preguntar acerca de la intencionalidad de les que reparten tips de vida a cambio de unos billetes, de la insistencia del caracter individual del ser que todo lo puede en soledad, o caso, la mera necedad de estos instagramers espiritualistas de no entender las consecuencias de sus actos y el tamaño de sus responsabilidades comunicativas. Lo que sería peor aún porque el enfrentamiento se produce contra aquello que no se considera como lo considero que és.

Que el ser gusta de la religiosidad, sin niguna duda. Con solo mirar la magnitud de las construcciones que han dedicado a les dioses, basta para darnos cuenta. Por eso no es sorpresiva la presencia de les espiritualistas del nuevo milenio, la diferencia está en que ahora la cruzada no es por un interés comunitario nacido de una idea colectiva de liberación. Ahora la idea es que cada quién se arme su propio kit de emergencia metafísico que sólo sirve para quién lo crea. Una especie de salvese quién pueda que arroja los lazos comunitarios al subsuelo de las posibilidades.